
Cuando éramos chicos, la "Promesa" era un sustito que siempre teníamos presente en nuestras barriguitas. Si te portas bien el niño Jesús vendrá cargado de juguetes. Si te portas bien iremos de vacaciones, si te portas bien te haré panquecas y arepitas dulces. Si te portas bien, si te portas bien, si te portas bien.
Cuantas veces la vi serpenteando su rosada lengua, cada vez que me castigaban, mientras a ella la ensalzaban. (¡Ah! obviamente que solo la veía yo, pues los otros estaban demasiados ocupados jubilosos celebrando a la niña buena-obediente)
Después de grande (entiéndase adulta) siguieron las promesas de portarse bien.
Parece que es un "ente" que no nos mata, pero nos somete y persigue como los pegones a lo dulce.
Salimos de los brazos de papas, a los brazos de los maestros, luego al del marido, sin eludir la pasantía coquetona con un maestro espiritual. ¡Que manoseo! ¿No les parece?
Luego lueguito...la "Promesa" más comprometedora y riesgosa: "La Promesa del Paraíso" que como una letanía taladraban mis timpanos en las misas domingueras. Como no sucumbir ante semejante bombardeo, ante semejante chantaje.
En mi niñez, portarse "mal" era caerle a pedradas a una mata de mamón y dañar las tejas de la vecina. Acostarme sin bañarme después de haber sudado y estar olorosa a sol de medio día, agotada de patines, bici, y carreras del loco paralizado. Saltar las zanjas putrefactas y no poder recuperar una vez en el fondo, mis gastados zapatos. Vagabundeos sin permiso expreso de mi madre.
En mi adolescencia deambular en una linda montañita y llegar a casa ya entrada la tardecita, llena de florecillas, pegones, cadillos, picadas de bachacos y tierra.
Tener la osadía pecaminosa de fugarme del liceo he ir a pasear a la playa con mi ya germinado (Círculo de Mujeres) a escribir deseos y sueños dentro de una botella y lanzarlos al mar.
La advertencia era lapidante: -Tenemos información sobre unas "señoritas" estas última palabra la arrastraba como si le costara creerlo, que se descalzan y andan correteando por la playa.
-Juro que lo único estridente eran las sonoras carcajadas al tratar de lidear con la manada que insistían en lanzarnos a las olas- Esas si tenían el chillido de lobas juguetonas que terminaban espantando a las gaviotas que reposaban en las grises piedras de la playa.
Pero romper las reglas tiene un sinuoso sazoneo de un no sé qué
Una cosquillita revitalizadora de no sé donde.
Un disparo de memoria vieja que transporta
Una exquisita posesión
-Revitaliza, concede, reboza y reta-
"Portarse bien debe obedecer al mandamiento del "ALMA"
A la calidez de la audacia, al cosquilleo primitivo y nutritivo de la "VIDA"
Cuando me corresponda subir al cielo, tal vez sea larga mi espera en la sala de admisiones.
Pero ahí estaré con una amplia sonrisa esperando el veredicto.
Y si mi destino es el fogoso y acalorado infierno. Estoy segura que me las arreglaré para no pasarla tan mal. A menos que también sea expulsada de ahí por no aceptar sus infernales promesas.